NIÑEZ Y ABUSO

Por Marta Maffei.
El abuso, todo abuso, cualquiera, es siempre una aberración, pero cuando la víctima es un niño, nos crece la indignación, nos rebela el dolor y la vergüenza de adultos incapaces de protegerlos, cuidarlos y amarlos como debiéramos, como ellos lo necesitan.

Abuso de toda índole, no solo deshonesto. Trabajo infantil, explotación, desnutrición, hambruna, mendacidad, privación de ternura, de juego... La lista es larga, increíblemente larga, tanto como ha crecido la indiferencia, la incapacidad de asombro y el deterioro de los valores humanos. Algunos medios lo reflejan con crudeza, a veces mostrando sus causas más profundas y otras solo promocionando el escándalo y permaneciendo en la más absoluta superficialidad.

Concretamente, en el caso de algunos abusos perpetrados en el espacio escolar, consideramos oportuno formular ciertas consideraciones.

En primer lugar, se trata de hechos aislados, muy, pero muy infrecuentes en un espacio en el cual se desempeñan más de setecientos cincuenta mil trabajadores y al que asisten más de nueve millones de niños y jóvenes.

Repudiable en toda circunstancia y condenable cualquiera sea su frecuencia o gravedad. CTERA se ha pronunciado reiteradamente en tal sentido y aún cuando estamos persuadidos de que los autores son personas enfermas que requieren atención y tratamiento psiquiátrico, personas que lamentablemente existen en toda profesión, en todo tiempo y desgraciadamente también en todo lugar, difíciles de detectar y por tanto de tratar, digo, aún cuando sabemos que son enfermos, rechazamos cualquier posibilidad de que continúen manteniendo contacto con niños y acordamos con la necesidad de que sus antecedentes consten en un legajo único. La dificultad concreta para su implementación es la definida e intencional insuficiencia de recursos económicos para informatizar y procesar la documentación.

Sin embargo, estos hechos publicitados tan minuciosamente que, reiteramos, son sorprendentemente muy poco frecuentes en las escuelas a pesar de las condiciones desesperadas en que se trabaja y de las deficiencias de preparación y control porque "de eso no se habla", digo, esta información viene a desdibujar otra dolorosa realidad: el abuso familiar, lo que ocurre en la casa, con los padres, los abuelos, los tíos, los amigos, las personas directa y primariamente responsables de la seguridad y la protección de los chicos.

La Sociedad de Pediatría ha denunciado cifras horrorosas, las ha informado públicamente, ha pedido ayuda, ha formulado su llamamiento a todas las instituciones con diversa y regularmente escasa repercusión. Más del 80% de los niños abusados son víctimas dentro de su propio hogar y más del 60% son sometidos por sus familiares directos. Un delito creciente, reiterado, con escasa protección y prevención que ha aumentado pavorosamente (siempre fuera de la escuela).

Hechos muy mayoritariamente detectados en la escuela. Son los docentes y directivos quienes no sólo generan el espacio de confianza y protección capaz de permitir la confidencia dolorosa, sino que además realizan la denuncia, protegen y cuidan a los niños. En infinitas oportunidades deben hacerse cargo de trámites y engorrosas gestiones para evitar, que los niños terminen en instituciones absolutamente inadecuadas junto a otros menores procesados o implicados en diversos delitos, ante la total inadecuación e insuficiencia del sistema encargado de prevenir y resolver la situación.

Por eso, sin pretender ocultar ni desdibujar las responsabilidades que nos caben, nos preguntamos si tanta prensa alrededor de hechos tan poco frecuentes, mientras se tiende un sospechoso silencio y ocultamiento sobre esa otra realidad pavorosa, no conlleva alguna intencionalidad.

¿Generar la sospecha y descalificación sobre la escuela que, junto al hospital público, son sin duda los últimos espacios de contención y credibilidad para un pueblo dolorido y saqueado al que hoy, además, hay que arrebatarle la educación pública?


La Revista de Clarín, VIVA, solicitó a la Secretaria General de CTERA una nota de una carilla sobre el abuso infantil en las escuelas. La nota enviada por Marta Maffei a Georgina Elustondo, responsable de la revista, se acompaña para su utilización más adecuada por las entidades de base debido a que Clarín recortó sustantivamente su contenido.