EL REENCUENTRO EN LA ESCUELA DESPUÉS DE LA INUNDACIÓN

09/04/2013

Después de la inundación que afectó a la ciudad de La Plata, nos reencontramos con nuestros alumnos y la comunidad de nuestra escuela. ¿Cómo lo trabajamos?
Pensemos en la inundación como una situación traumática, y como tal necesita de un proceso y un tiempo de elaboración que  hace cada uno y lo hace con los otros.
Y nos preguntamos ¿Qué podré hacer con los chicos? ¿Cómo vendrán estos niños/as/adolescentes y jóvenes después de lo que les pasó?¿Qué hacer en estos casos? Qué hacer, qué decir en situaciones como ésta, de desastres naturales que impactaron en toda la ciudad?.

Frente a estas preguntas, es importante recordar que no hay un modo único para poder trabajar con nuestros alumnos acerca de lo traumático vivido. El registro que cada niño/adolescente/joven tenga de lo acontecido variará según el lugar desde donde lo vivenció: perdió un ser querido, se inundó su casa, la de sus abuelos, su escuela, el lugar de trabajo de sus padres, lo vio en la tv, se lo contaron en su casa, lo charló con sus amigos, estuvo colaborando en la ayuda solidaria, fue con sus parientes a solicitar ayuda. Es también relevante en la constitución de ese registro lo que dijeron sobre esa situación sus adultos de referencia, la representación que tiene de las pérdidas y la muerte por su edad, el  momento evolutivo que atraviesa y las experiencias vividas.

Si bien no hay un modo único de trabajo, resulta necesario e imprescindible proporcionarles la oportunidad y la comodidad necesaria para que puedan hablar  si quieren hacerlo, preguntar  sobre aquello que los inquieta, pero la identificación de cuál es su tema de preocupación sólo podrá recortarse escuchándolos, y no antes.
Es también cierto que cada niño/adolescente/joven tendrá su particular forma de expresar sus preocupaciones, no siempre será diciéndolas verbalmente. Algunos de ellos, por mayor compromiso emocional o afectivo (propios o de los adultos que lo rodean y sostienen más cercanamente), por menor capacidad de simbolización previa, por experiencias traumáticas anteriores, o simplemente porque lo expresan de esa manera, tengan manifestaciones físicas inespecíficas o enfermedades o malestares recurrentes. Del mismo modo, la elaboración de un acontecimiento semejante encontrará distintos caminos, en sueños, dibujos, juegos, etc.

A medida que se vaya concretando la reparación material y la vida cotidiana vuelva a sus carriles habituales, se irá acomodando el acontecimiento de un modo u otro para cada uno, lo que depende de lo dicho anteriormente, pero también y mucho de cómo las instituciones intervengan respecto del tema.

Esta intervención de la escuela, inicialmente consiste en el reconocimiento  que sucedió algo, una inundación, que nos afectó a todos de distintas maneras, que  los maestros/profesores/directores, nos comprometemos en acompañarlos para entenderlo y  tramitarlo, y al mismo tiempo saber que lo iremos resolviendo todos nosotros, porque también los docentes lo vivimos.

Hay que poder contarlo con palabras propias, hay que poder armar un relato, con las palabras, el cuerpo o los dibujos de cada uno y socializarlo con los demás, y compartirlo. Nos pasó a todos, pero cada uno lo vivió en circunstancias distintas.


El momento del reencuentro con nuestros alumnos:

Cada uno de nosotros los trabajadores de la educación necesitamos conocer de antemano el nombre de cada uno de nuestros alumnos que vivieron de manera directa las consecuencias de la tormenta que nos asoló. Ellos nos requerirán una mayor atención, sin descuidar la que necesitan también quienes la sufrieron manera indirecta.

Recibirlos es nuestra primera prueba. Ellos y nosotros necesitamos contarnos aquello que vivimos, qué nos pasó, cómo nos sentimos, cómo nos impresionó. ¿De qué manera podemos recuperar estos relatos? ¿Cómo van a aparecer  relatos  ¿Qué tengo que hacer? ¿Estoy preparado/a para esto?

Como decíamos anteriormente, es primordial disponerse para escuchar y escucharse. Tomar el tiempo necesario para que esta escucha pueda realizarse, convencernos que no es un tiempo perdido para los aprendizajes, sino un tiempo ganado para poder reiniciar fortalecidos las actividades escolares habituales. Es un tiempo ganado para permitirnos ir superando tristeza, angustia, dolor, confusión, temores, sufridos por nuestros alumnos y por nosotros; para recuperar las mejores condiciones para seguir aprendiendo y enseñando.

Es necesario reconocer que cada uno de nosotros, los chicos y yo, somos individuos singulares, vivimos de manera particular el mismo fenómeno que nos afectó de diferentes maneras y con distinta intensidad. Que cada uno necesita  (armar) su propio relato, y en su manera particular de expresarlo: oralmente, con palabras escritas oraciones, frases, pegatinas, poesía, afiche, murales, con dibujos, con manifestaciones gestuales y corporales, e inclusive síntomas de enfermedades físicas o emocionales, sueños, cambios en los comportamientos habituales. Estas serán maneras de elaborar los hechos traumáticos.
Por ello los momentos y estrategias que pongamos en funcionamiento para que el relato pueda producirse han de ser continuados y variadas. Requiere planificación, seguimiento de la observación, un registro atento de señales e indicadores, que nos permitan conocer que todos hemos tenido ocasión de manifestarlo y que lo hayamos podido hacer. Un registro que no nos complique, que no es escribir todo lo que pasa, sino un sintético diario de campo , que con pocas palabras nos permita recuperar rápidamente como el problema va transcurriendo, para todos y para cada uno ,y como se va tramitando el dolor.

¿Cómo iniciar nuestro primer día de vuelta a la escuela?
¿Qué nos parece más apropiado? Seguro que no es pasando lista, pidiendo que saquen los útiles escolares o preguntando si han estudiado. Resulta necesario prepararnos para un momento de conversación, vinculado a la edad de nuestros alumnos. Tener preparadas estrategias  (independientemente del lugar que ocupemos, director, EOE, maestros, profesores, etc) para generar situaciones para que la palabra circule.
Nos podemos disponer de maneras diversas para hacer circular la palabra.

¿Con qué preguntas?
Desde las clásicas preguntas acerca de ¿Qué pueden decirme sobre lo que hicieron la semana pasada? ¿Quién tiene alguna historia para contarnos e iniciar las actividades del día de hoy? ¿Qué tema les parece actual para comentar en este reinicio de actividades? Qué pasó en tu casa con la lluvia? ¿Dónde estabas? Y entonces ¿qué hicieron? ¿Qué perdiste? Contarles que le pasó a la escuela. Hasta aquellas propuestas vinculadas a una actividad colectiva al inicio de la jornada escolar: ”Cuándo entramos a la escuela la Directora agradeció a todos por la colaboración con las familias que tuvieron sus casas inundadas, propongo que charlemos un poco sobre qué le pasó a cada uno ¿ les parece?”

No habría una lista de preguntas indicadas, sino más vale aquellas que permitan al otro decir de su vivencia, meterle al relato la pregunta a qué le pasó a él con eso: ¿y vos te asustaste? ¿Qué hiciste? ¿Tuviste miedo? ¿y tu hermano que hizo?, ¿quién te ayudó? ¿Qué perdiste? que permita que él vaya diciendo con dibujo o con palabra o con juego qué le pasó y escuche la vivencia del otro. Es fundamental hacer la diferencia con ellos también que no es lo mismo si perdiste un familiar, un perro o tus útiles de la escuela, porque hay registros diferentes de la pérdida, hay lo que se puede recuperar y lo que no.
A partir de ahí no insistir, estar atentos a que va a ir apareciendo de distintas maneras para cada uno. Y retomarlo para volver a relatar, para que tenga un lugar y no ocupe todo el lugar en cada uno, y pueda haber con el paso del tiempo, otras cosas. La idea sería escuchar, acompañar, cuidar, hacer lugar a lo que les pasó e incorporar la posibilidad de reparación y  recuperación de las cosas que se perdieron.

Los adultos también necesitamos contar con momentos para expresar nuestro propio relato acerca de lo que nos pasó y cómo nos sentimos, cómo nos afectó la inundación.

Necesitamos  organizarnos con otros, para escuchar y ser escuchados, para intercambiar saberes y recursos, para reconocer que estamos sabiendo cómo llevar adelante este proceso y formularnos las preguntas que nos surgen y buscar las maneras de responderlas.
Este escrito es un relato de un recorrido posible para abordar con nuestros alumnos la vuelta a clase después de la inundación. Una vuelta a clases que nos tiene que permitir seguir recuperándonos y fortalecernos, para seguir viviendo mejor, aprendiendo y enseñando con la misma fuerza, con alegría, sabiendo que contamos con otros y con nosotros. Es un mínimo intento para reflejar aquello que nos enseñaron en estos días los cientos de maestros y profesores que habiendo sufrido ellos y su familia el embate y las consecuencias de esta traumática inundación no dudaron en estar al lado de sus alumnos, permanecer en sus escuelas, recorrer sus barrios para contener, escuchar, ayudar, consolar, limpiar, organizar, abrazar, llorar juntos, acariciar, dialogar, reclamar, alentar, sostener, recolectar lo necesario, distribuir lo recolectado, y proclamar que el mejor camino para  continuar la vida es recorrerlo juntos solidariamente

Desde el SUTEBA, seguiremos utilizando esta herramienta de comunicación, todo el tiempo necesario, para que con nuestros pibes, familias, pueblo sigamos delante construyendo día a día  nuestra escuela pública popular y democrática.