EL HOTEL LLAO LLAO COMO MOTOR DE LA PATAGONIA

El nacimiento del hotel Llao Llao fue fruto de tres importantes y decisivos factores, entre ellos la necesidad política de afirmación de la soberanía nacional en la Patagonia. La estrategia consistía en generar importantes poblaciones e hitos nacionales basándose en el potencial turístico de la zona andina, y explotando la belleza de una región todavía virgen.

El nacimiento del hotel Llao Llao fue fruto de tres importantes y decisivos factores, entre ellos la necesidad política de afirmación de la soberanía nacional en la Patagonia. La estrategia consistía en generar importantes poblaciones e hitos nacionales basándose en el potencial turístico de la zona andina, y explotando la belleza de una región todavía virgen.

Esta política tuvo un activo impulsor, el Dr. Ezequiel Bustillo, quien al conocer Bariloche y el Nahuel Huapi, quedó deslumbrado por el paisaje y las posibilidades de la región.  

Cuando el Dr. Bustillo accedió a la presidencia de la Dirección de Parques Nacionales decidió dedicarse por completo al ambicioso proyecto. En una zona carente de buenos alojamientos, a la que se pretendía atraer turistas de todo el mundo, lo primero que había que encarar era la construcción de alojamientos y servicios a nivel internacional. Y para lograrlo había que crearlo todo: accesos, comunicaciones, hoteles y transportes, e incluso núcleos de población.

En 1936 comenzó la construcción del Llao Llao. Tamaña misión quedó en manos del arquitecto Alejandro Bustillo (hermano de quien por aquel entonces era el Director de Parques Nacionales. Cabe destacar que Alejandro aceptó presentarse al concurso con la condición que si el era el ganador no cobraría un centavo por llevar la obra a cabo), célebre artista de reconocimiento internacional. El resultado fue una magnífica estructura de estilo canadiense, con troncos de ciprés y techo de tejas de alerce, dispuesto para ser sede de una vista panorámica excepcional a los Lagos Nahuel Huapi y Moreno, a través de balcones, terrazas y ventanas.
El 8 de enero de 1938 fue la primera inauguración oficial del hotel más emblemático de la Patagonia Argentina. Poco tiempo después, precisamente el 26 de octubre de 1939, pasó de ser la hazaña arquitectónica que deslumbraba a las clases altas y enorgullecía a Bariloche, a quedar sumido en un manto de fuego y cenizas.
El incendio, que lo destruyó en su totalidad, no opacó las ganas de trabajar imperiosamente por resurgirlo. Y de la mano de los hermanos Bustillo se puso en marcha la reconstrucción, utilizando materiales ignífugos, como piedra, hormigón y ladrillos. El 15 de diciembre de 1940 (treces meses después), el Hotel Llao Llao fue nuevamente inaugurado, posicionándose definitivamente como el lugar elegido por los huéspedes más insignes. Conjunción de misticismo y supremacía arquitectónica, el Hotel Llao Llao se convirtió en un icono de Bariloche, sinónimo de belleza y elegancia, simétrica comparación con los hoteles de mayor excelencia a nivel mundial.
Lo primero que debió hacerse fue dotar a la población de agua corriente y cloacas. Y en 1938 se pavimentaron las primeras 12 calles del ejido urbano. El proyecto era construir un centro cívico como primer etapa de un plan progresista. El mismo comprendía el control de la edificación, y la urbanización de la costa lacustre hasta Llao Llao. La obra duró más de dos años, incluyendo oficinas para correos, telégrafos, sucursal de Banco Nación y el golf.
En poco tiempo quedó demostrado que las decisiones del Dr. Ezequiel Bustillo, plasmadas en las políticas de Parques Nacionales, eran correctas. En sus primeros diez años de vida, el hotel demostraría que el esfuerzo no había sido en vano. Durante ese período se cuadruplicó la cantidad de turistas que visitaban el Parque Nacional Nahuel Huapi.

Sin embargo, en 1979 el Llao Llao cerró sus puertas, producto de los vaivenes de privatizaciones, cúmulo de políticas desatinadas y falta de inversión, lo dejaron en el más absoluto abandono por más de una década. Sus elegantes salones quedaron en el olvido, sus parques y jardines se sumieron en la maleza y el deterioro. Blanco perfecto para saqueos de muebles, decoraciones, y todo el equipamiento refinado que lo vestía.

Para el año 1987 el hotel fue incluido en el inventario del Patrimonio Histórico Nacional. En 1988 al prestigioso vecino Oscar Barbieri, y el entonces Secretario de Turismo de Rio Negro, Antonio Torrejón, les tocó participar junto a un valioso grupo redactor de Parques Nacionales, para lograr un acto privatizador y de adjudicación que honrara la historia, lo que finalmente, se logró. Tres años más tarde el hotel dio una bocanada de aliento, producto de que fue nuevamente privatizado luego de que la empresa Llao – Llao Holding S.A., ganara la licitación impulsada por la administración de Parques Nacionales. Eso permitió que el hotel fuera remodelado, respetando el proyecto original del arquitecto Alejandro Bustillo y considerando el significativo valor arquitectónico y paisajístico. El 3 de julio de 1993 fue reinaugurado por tercera vez bajo el nombre de “Llao – Llao Hotel & Resort”. El mismo se encuentra en la Av. Ezequiel Bustillo (en honor a su gestor, realizador) en el Km. 25 de la ciudad de Bariloche provincia de Río Negro.

Como no podía ser de otra manera, el Llao Llao no se quedó con los logros obtenidos, fue por más. Durante todos estos años ha ido ampliando y renovando sus áreas, desde la construcción de nuevas suites, incorporó actividades, ideó nuevos espacios gastronómicos, puso en marcha un excelente área de recreación con pileta olímpica ambientada, campo de golf de 18 hoyos, y una oferta turística, con el alto nivel deseado.

El Hotel Llao Llao es un símbolo por su apasionante historia y su notable presente. Fue quien acompañó a Bariloche y a su Corredor de los Lagos Patagónicos-Argentinos en su crecimiento y consolidación, cumpliendo un rol fundamental también como catalizador de nuevas inversiones hoteleras que miraron cuidar desde el poder político, el bien común, perdurable a la ciudad como calificado destino apetente para desembarcar con proyectos de elite.

Fuente:
Boletín Nº 184 de Cien Años de Turismo Argentino