BALDOSAS POR LA MEMORIA EN EL COLEGIO CEFERINO NAMUNCURÁ

07/09/13


El 7 de septiembre, día en que Eduardo José Degregori cumpliría años, a las 14 hs, en Florida, en la puerta del colegio Ceferino Namuncurá, colocaron las Baldosas por la Memoria, como homenaje, como recuerdo, como reparación, para ellos/as, para todos/as.


Los/as invitamos a compartir una página más de la historia del colegio Ceferino Namuncurá de Florida, una página que hasta hoy había quedado en blanco.


En el año 1976 fueron víctimas del terrorismo de Estado once personas que trabajaron y estudiaron en este colegio. Que recorrieron las aulas, rindieron exámenes, dieron clases, tuvieron amigos/as, se enamoraron, se rieron en los recreos, iban a bailar, propusieron debates, formaron el centro de estudiantes, expresaron en hechos y palabras sus ideales, hicieron obras de teatro, cantaban, tocaban la guitarra, se comprometieron y participaron social y políticamente.

A una de ellas, Esperanza María Cacabelos, ex profesora, de 27 años, la asesinaron en su casa, junto a su esposo, Edgardo Salcedo. Alcanzaron a salvar a su hijo, Gerardo Salcedo, que en ese momento tenía 2 años.

Diez personas fuimos secuestradas de nuestras casas, de nuestros trabajos, llevadas a la ESMA, permanecimos desaparecidas, luego, liberadas. Cuatro de ellas aún continúan desaparecidas, las seguimos buscando: Cecilia Inés Cacabelos y Gabriela Mónica Petacchiola eran alumnas de 5º año, tenían 17 años, Eduardo José Degregori, ex preceptor, tenía 26 años y José Antonio Cacabelos era ex alumno, tenía 18 años.

Seis de esas once personas hemos sobrevivido, Elizabet Andrea Turrá y Norma Patricia Suzal, alumnas de 5º año, Ana María Cacabelos y Adriana Nora Suzal, ex alumnas, Ricardo Ángel Domizi, docente, Guillermo León, ex preceptor.

Vivimos muchos años en un opresivo y angustiante silencio, como testigos incómodos para una sociedad que prefería no escuchar el relato del horror. Hubo tiempo de silencios y oscuridad, hoy vivimos tiempos de palabras, de construcción colectiva de memoria, de verdad y de justicia.

Hoy podemos nombrarlos juntos y en un abrazo amoroso colocar sus nombres como huella de vida en las veredas que pisaron para asistir al colegio. Colegio que se enriqueció con sus ideas, con su inteligencia, con sus emociones, con sus sentimientos, con sus dolores, con sus amores….