El Dr. Ramón Carrillo, recordado por su labor como Ministro de Salud de la Nación entre 1946 y 1954, nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero.
Fue el mayor de 11 hermanxs, estudió medicina en la UBA y en 1929 se graduó con honores obteniendo una beca para continuar su formación profesional en Europa. De regreso al país, desarrolló su carrera como neurocirujano y médico sanitarista. Participó en el grupo FORJA en la década del 30.
Siendo jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar Central fue convocado para ocupar la cartera sanitaria con rango de Secretaría en 1946 y luego el Ministerio desde su creación en 1949.
Entre los principales temas de su preocupación para la gestión del Ministerio, pueden retomarse los 15 problemas Sanitarios Nacionales que requerían abordaje por parte del Estado, a los que se refirió en una conferencia de 1948: falta de camas, endemias graves y epidemias, mortalidad infantil y necesidad de control de la natalidad, mala distribución de alimentos, invalidez y muerte prematuras de personas jóvenes por falta de cuidados o de prevención insuficiente, alto costo de medicamentos, problemas de higiene pública y urbanismo, necesidad de organizar registros y estadísticas, coordinación con el subsector privado de salud, salud de lxs Trabajadorxs, organización de la fuerza de trabajo en salud, prevención, Educación para la salud y salud internacional.
Autor de investigaciones como la que se publicó en su libro de 1951, "Teoría del Hospital", Carrillo fue un hombre estudioso, de ideas innovadoras en el campo de la planificación y la salud pública, y dotado para la acción en una época de crecimiento exponencial de la capacidad instalada de un Estado Nacional que se posicionó como garante de derechos de las personas y el pueblo trabajador.
En un contexto de reivindicaciones laborales y fortalecimiento de la industria nacional, Carrillo intentó abordar la salud de lxs Trabajadorxs desde una perspectiva integral, incluyendo las dimensiones biológica, ambiental y social. En sus palabras, el objetivo trazado era "llegar en salud, bienestar y medios, a transformar la pesadumbre del trabajo en la alegría del trabajo".
Con este propósito, Carrillo propuso la creación de organismos que atendieran e investigaran las necesidades de salud de lxs Trabajadorxs, considerando la vida cotidiana dentro y fuera de los ámbitos de trabajo.
Frases como "El mejor plan de salud es agua corriente y cloacas", están en la base de su pensamiento sanitario y describen a quien fue capaz de crear y sostener en el Ministerio de Salud una estructura organizativa para el sistema de salud de la población de todo el país.
En su gestión, se construyeron cientos de nuevos establecimientos; entre ellos, hospitales, Centros de Salud, hogares Escuelas, hogares para ancianxs, institutos de formación en enfermería. Asimismo, se estableció la atención gratuita para toda la población en establecimientos sanitarios, se crearon políticas públicas como el Tren Sanitario para llevar asistencia y Educación para la salud a los lugares más recónditos del país. Se implementaron campañas de vacunación masivas, se creó la EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos, que producía medicinas a bajo costo.
Se forjó en esos años la conciencia de la salud como derecho en la población argentina, que todavía persiste en el ideario colectivo.
Su concepción de lo que hoy llamamos determinación social de la salud se expresa en una de sus frases icónicas "No hay política sanitaria sin política social". Carrillo señalaba las dimensiones sociales y políticas, otorgándole al sanitarismo un alcance que supera al de la medicina hegemónica.
Alejado de su cargo en 1954, volvió a trabajar como Médico y se radicó en Brasil donde murió el 20 de diciembre de 1956, a los 50 años.