Notas Relacionadas
SUTEBA, en consonancia con estos objetivos, instrumenta una política de medicamentos que estimula su uso racional, útil, seguro y sobre todo necesario. Además hay que subrayar la importancia del trabajo en prevención de enfermedades transmisibles, fuertemente vinculadas a las condiciones de vida de las personas y que presentan un mapa de inadmisibles desigualdades a nivel mundial.
Bajo el lema «Combatamos la resistencia a los antimicrobianos» la OMS hace un llamado a los gobiernos, los profesionales de la salud, la industria, la sociedad civil y los pacientes para que actúen de manera urgente y coordinada a fin de aminorar la propagación de la resistencia, limitar sus repercusiones actuales y preservar los adelantos médicos para las generaciones futuras.
La resistencia a los antimicrobianos es cada vez más grave y muchas infecciones ya no se pueden curar fácilmente, lo que ocasiona un tratamiento prolongado y caro y un mayor riesgo de muerte, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Medidas para combatir la resistencia a los antimicrobianos
La OMS ha dado a conocer una serie de pautas normativas con relación a las medidas que los gobiernos y demás actores involucrados y comprometidos con la salud tienen que aplicar para combatir la resistencia a los antimicrobianos:
El descubrimiento y la utilización de los antimicrobianos para tratar enfermedades como la lepra, la tuberculosis, la gonorrea y la sífilis cambiaron el curso de la historia no sólo de la medicina sino de la propia humanidad. Ahora, como consecuencia del alto grado de resistencia a estos medicamentos, esos descubrimientos y las generaciones de fármacos a que dieron lugar están en peligro.
La resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno natural por el cual los microorganismos se vuelven resistentes al efecto de los medicamentos que deberían destruirlos. Con el paso de las sucesivas generaciones, el microorganismo portador del gen de la resistencia se vuelve cada vez más dominante hasta que el medicamento resulta absolutamente ineficaz. El uso inadecuado de los medicamentos antiinfecciosos -por subutilización, uso indebido o uso incorrecto- propicia el surgimiento más rápido de la resistencia.
Farmacorresistencia contra varios tratamientos
El año pasado se notificaron por lo menos 440 000 casos nuevos de tuberculosis multirresistente, y la forma ultrarresistente de la enfermedad se ha observado en 69 países hasta la fecha. El parásito causante del paludismo se está volviendo resistente incluso a la generación más resistente de antipalúdicos. Por otro lado, cada vez hay menos opciones para tratar la gonorrea y la shigelosis causadas por cepas bacterianas resistentes. Las infecciones graves que se contraen en un hospital pueden causar la muerte porque resulta muy difícil tratarlas. Además, las cepas de microorganismos farmacorresistentes se propagan de un lugar a otro en el mundo tan interconectado de hoy. También esta apareciendo la resistencia a los antivirales que se usan para tratar la infección por el VIH.
Se necesitan medidas urgentes
«En este Día Mundial de la Salud, la OMS está dando a conocer una serie de medidas de política para que todos, especialmente los gobiernos y sus sistemas de reglamentación farmacéutica, volvamos al camino correcto y apliquemos rápidamente las medias apropiadas», informó la Directora General de la OMS, doctora Chan. «Las tendencias son claras y ominosas. Si no actuamos hoy, no habrá cura mañana. En este momento en que el mundo sufre tantas calamidades, no podemos permitir que la pérdida de antibióticos esenciales —imprescindibles para curar a muchos millones de personas— se convierta en la siguiente crisis mundial.», afirmó.
Para la OMS, si bien son los gobiernos quienes deben asumir la dirección y formular políticas nacionales para combatir la farmacorresistencia, los profesionales de la salud, la sociedad civil y otros grupos también pueden contribuir de manera destacada. Por ejemplo, médicos y farmacéuticos pueden prescribir y dispensar únicamente los medicamentos necesarios para tratar a un enfermo, en vez de darle automáticamente los medicamentos más novedosos o más conocidos. Por su parte, los pacientes pueden abstenerse de exigir a los médicos que les den antibióticos cuando estos no sean apropiados. Los profesionales de la salud pueden ayudar a reducir rápidamente la propagación de las infecciones en los centros asistenciales.
También es imprescindible la colaboración entre los profesionales de la salud humana y los de la sanidad animal, así como los del sector agropecuario, pues el uso de antibióticos en los animales productores de alimentos contribuye a aumentar la farmacorresistencia. Aproximadamente la mitad de la producción actual de antibióticos se usa en el sector agropecuario para promover el crecimiento y tratar a los animales enfermos. Los microbios farmacorresistentes que aparecen en los animales como consecuencia de ese uso masivo pueden pasar después a los seres humanos.
¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos?
La resistencia a los antimicrobianos (o farmacorresistencia) se produce cuando los microorganismos, sean bacterias, virus, hongos o parásitos, sufren cambios que hacen que los medicamentos utilizados para curar las infecciones dejen de ser eficaces. Los microorganismos resistentes a la mayoría de los antimicrobianos se conocen como resistentes. El fenómeno es muy preocupante porque las infecciones por microorganismos resistentes pueden causar la muerte del paciente, transmitirse a otras personas y generar grandes costos tanto para los pacientes como para la sociedad.
La resistencia a los antimicrobianos se ve facilitada por el uso inadecuado de los medicamentos, como, por ejemplo, cuando se toman dosis insuficientes o no se finalizan los tratamientos prescritos. Los medicamentos de mala calidad, las prescripciones erróneas y las deficiencias de la prevención y el control de las infecciones son otros factores que facilitan la aparición y la propagación de la farmacorresistencia.