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Revista La Educación en nuestras manos, N° 79, junio de 2008
Editorial: Avanzar en conciencia construyendo fuerza social transformadora
Vivimos tiempos complejos. Por un lado, un proceso político de avances de nuestros pueblos en Latinoamérica cuestionando y desmontando la lógica neoliberal que impuso en nuestros países el denominado "Consenso de Washington" y que significó un crecimiento de la desigualdad y de la exclusión social, económica, política y cultural sin precedentes. "Consenso" que necesitó, previamente, varios años de dictaduras genocidas que impusieron el terror e intentaron doblegar la iniciativa y la resistencia de nuestros pueblos interrumpiendo un proceso de transformación en marcha..

Por Roberto Baradel, Secretario General. SUTEBA

Para caracterizar este proceso político como de avances, basta señalar algunas iniciativas que pudimos concretar. Un cambio de posición sustancial en materia internacional, con una actitud más autónoma y soberana de nuestros países en relación a las imposiciones y aprietes de la primera potencia militar y política del mundo, los EEUU. Esto se vio reflejado en el voto que impidió la condena injusta a nuestra hermana República de Cuba (en Cuba sí se cometen graves violaciones a los Derechos Humanos pero es en la Base Militar de Guantánamo usurpada y bajo el mando de los EE.UU.) y a la vez en el voto que expresó la condena a ese bloqueo inhumano que sufren hace más de 40 años. También en la posición que asumimos todos los pueblos y la mayoría de los gobiernos de Latinoamérica rechazando y enterrando en el 2005 el ALCA, constituyendo la Unión de Naciones Sudamericanas, fortaleciendo -a pesar de las dificultades- los bloques regionales como el MERCOSUR y la Comunidad Andina, creando el Banco del Sur para el desarrollo regional en contraste con el BID que dirige Washington. Otro hito fue la condena histórica que recibió en la OEA la violación de la soberanía territorial de Ecuador, perpetrada por el ejército colombiano bajo el mando, sin ninguna duda, del país del Norte a través del Plan Colombia. Fue un intento de legitimar la intervención militar en nuestros países para abortar cualquier proceso de paz, integración y desarrollo regional que no responda a los intereses del imperio.

En nuestro país hay que subrayar un proceso imparcial de elección de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la condena a los Ex Comandantes de la Dictadura Militar, la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, la inconstitucionalidad de los Indultos, la condena por Genocidio que recibieron asesinos como Etchecolaz y Von Wernich, la recuperación de la ESMA, la continuidad de los Juicios por violaciones a los Derechos Humanos; más aún, el inicio de causas contra los responsables civiles, como la querella que el Estado argentino presentó contra el ex ministro de economía de la Dictadura, Martínez de Hoz. En Educación es preciso destacar la derogación de la Ley Federal de Educación y la sanción de una nueva Ley de Educación, la sanción de una Ley de Financiamiento Educativo, ambas iniciativas que echan por tierra las políticas neoliberales en la materia, haciendo lo propio en provincia de Buenos Aires con la derogación de la Reforma Educativa y la sanción de una nueva Ley Provincial de Educación que impide, entre otras cosas, un viejo anhelo neoliberal que era la Municipalización y la Privatización de la educación pública. No son menos importantes las leyes de Paritaria Docente y de Estatales y los consiguientes acuerdos paritarios,  la derogación de la ley de Patronato y la sanción de la Ley de Protección Integral de los Derechos de niños, jóvenes y adolescentes, sin duda legislaciones avanzadas en la materia y por la que luchamos durante muchos años.

Estas acciones y estos logros fueron posibles porque existen pueblos que a través de sus organizaciones resisten y no se resignan a vivir en países en los cuales unos pocos decidan sobre la vida de todos, favoreciendo la concentración de la riqueza en los grandes grupos económicos, en su mayoría transnacionales en perjuicio de las grandes mayorías.

Estos grupos no escatiman ningún esfuerzo para la concreción de sus objetivos. Golpes de Estado, como en Venezuela, Bloqueo y agresiones contra Cuba, denuncias masivas de supuesta corrupción en Brasil, Plan Colombia, intentos de desmembramiento territorial como en Bolivia, la invasión a Ecuador, etc.; son todas acciones dirigidas a desestabilizar y deslegitimar a los Gobiernos e impedir que el proceso que está en marcha, no sólo no se profundice sino que se interrumpa y que vuelva a regir nuevamente una lógica del mercado por sobre la lógica de la política.

Hay que reconocer que también fue posible porque tanto el gobierno y la legislatura nacional y el gobierno y la legislatura provincial tomaron la decisión de  hacerlo. Sin embargo, todavía no hemos logrado modificar la matriz distributiva y si bien se ha avanzado en algunos niveles de inclusión, la desigualdad ha crecido. En nuestro país, y tomando el registro de los últimos 6 años, el producto bruto ha crecido en un 60 % pero la pobreza registra índices del 20,6 %  según el INDEC y del 30 % según estimaciones privadas. Esto significa que existieron y existen condiciones para que los trabajadores generemos, producto de nuestro trabajo, un aumento considerable de la riqueza pero a la vez la matriz distributiva que subsiste no permite una justa distribución de la riqueza y sí una formidable concentración de la misma por los sectores del capital concentrado.

Esto sucede porque el gobierno no ha creado los instrumentos ni ha avanzado en las transformaciones estructurales necesarias que permitan una modificación sustancial en el esquema distributivo de nuestro país.

Ahora bien, ¿es sólo falta de decisión política del gobierno?; ¿es parte de un proyecto que privilegia el crecimiento económico como política casi excluyente de desarrollo basado en alianzas con sectores del bloque dominante que implican grandes transferencias de capital hacia estos sectores esperando un “derrame” de los beneficios al conjunto?; ¿o todavía no hemos sido capaces de construir la correlación de fuerzas necesaria para incidir o instalar un debate en la agenda pública y realizar acciones concretas capaces de transformar la realidad?.

Entiendo que la respuesta no es unívoca, y que debemos analizar la realidad exhaustivamente para no trasladar automáticamente la responsabilidad que tenemos como organizaciones populares, sin dejar de señalar las responsabilidades y decisiones que entendemos debería tomar el gobierno y que no toma ni asume.

El conflicto que se ha generado a partir de la decisión de aplicar retenciones móviles a uno de los sectores del bloque dominante que más se ha beneficiado con este modelo, es un buen marco para analizar en qué lugar nos encontramos hoy, en qué condiciones estamos y cuánto nos falta para cumplir con ese objetivo estratégico que es alcanzar una justa distribución de la riqueza.

El lock-out que aplican ya hace más de 70 días las patronales agropecuarias, no es para exigir distribución de la riqueza que beneficie a quienes la producen, los trabajadores, sino por el contrario es defender los niveles de ganancia que les permite obtener la renta extraordinaria y el aumento considerable del precio de los alimentos a nivel internacional. Rechazan la intervención del Estado (o sea de todos nosotros) planteando que las retenciones son confiscatorias del derecho de propiedad. “¡Basta que el Estado nos meta la mano en el bolsillo!” -se lee y se escucha, no sólo de parte de los voceros más conspicuos del liberalismo y de la libertad de mercado, sino que es una consigna cotidiana de esta protesta. No están discutiendo no perder, sino cuánta riqueza acumulan. Premisa central del Capitalismo.

Claro está que es un sector poderoso, que no hay que subestimar, que comparte intereses de clase con las grandes empresas de comunicación, que ha sido capaz de poner al frente de la protesta a un sector de pequeños y medianos productores cuyo problema es la falta de políticas que compensen las desigualdades en el desarrollo de distintas actividades vinculadas al sector (políticas que por otra parte reclamamos que se apliquen), y no las retenciones en sí, no reparando en que si los grandes terratenientes y los pooles de siembra ganaran en esta puja, los dejarían librados a su suerte. Mientras tanto hoy les sirven como mascarón de proa de una arremetida sin precedentes para limitar la capacidad de acción de un gobierno que osó discutirles una pequeña parte de la rentabilidad. Está claro que no se está hablando de Reforma Agraria ni mucho menos la retención, es simplemente una medida fiscal de carácter distributivo, que sirve además para desacoplar los precios internacionales de los alimentos de los precios internos y orientar parte de la producción al mercado nacional. Ahora, si se tomó esta medida y provocó tal embestida, imaginemos la reacción de estos y otros sectores si se promoviera una verdadera reforma tributaria que gravara a los sectores de mayor capacidad contributiva.

Creo que este conflicto mostró claramente las limitaciones que tiene el gobierno a la luz de las alianzas políticas y económicas que ha tejido, y también las limitaciones y debilidades del campo popular.

Que el gobierno ha cometido errores en este conflicto, ayudando que se junte lo que no debería haberse juntado nunca, de eso no hay dudas; pero los que no nos podemos equivocar somos los trabajadores: o defendemos los intereses de clase o terminamos arrastrados, por ingenuidad o por oportunismo, a ir en contra del proceso político que proclamamos defender, y al que este gobierno a pesar de sus grandes contradicciones, ha aportado significativamente. La ingenuidad en política nos conduce a la derrota y el oportunismo es un boomerang que se vuelve en contra de los intereses de la clase.

Rosario no fue una fiesta de la civilidad, fue una clara demostración de fuerzas de un sector del bloque dominante que contó con la anuencia y la promoción de las grandes empresas de comunicación masiva y obtuvo la cobertura política de importantes sectores de la derecha de este país; entre otros, de aquellos que fueron capaces de asesinar a nuestro compañero Carlos Fuentealba, y de aquellos que acompañaron y promovieron los golpes militares. Sólo basta haber escuchado el silencio sepulcral que se produjo en la multitud cuando uno de los oradores arengó a que cantaran ese grito de dignidad que es “Madres de la Plaza el Pueblo las abraza”. Claro, no estaba el Pueblo para abrazarlas.

Es por eso que los trabajadores no nos podemos equivocar. Debemos ser capaces de construir esa fuerza necesaria que nos permita transformar nuestro país en un país con plena justicia social y una verdadera democracia participativa, que se desarrolle con  independencia económica en el marco de la integración regional y esgrima con orgullo las decisiones políticas soberanas de su Pueblo.

Libertad y democracia sindical, democracia participativa, distribución de la riqueza y distribución informativa son objetivos estratégicos que debemos exigir al gobierno cada vez con más fuerza y a la vez generar las condiciones para que esto sea posible.

Los docentes debemos ser plenamente concientes. No debemos permitir que se nos pretenda utilizar como masa de maniobra de intereses que sean contrarios a los intereses de nuestro Pueblo, como sucede por ejemplo en Venezuela. Somos trabajadores de la educación y como tales debemos defender los intereses de la clase trabajadora, con autonomía, compromiso y decisión. Confrontando con aquellas políticas que son contrarias a nuestros intereses, y con aquellos sectores que pretenden que nuestro país retroceda sosteniendo la desigualdad.   

Dentro de pocos días se cumplen 80 años del natalicio de Ernesto CHE Guevara. Siempre es bueno recordar su compromiso, su entrega de vida. Pero hoy más que nunca es necesario tener presente su pensamiento, sobre todo cuando los ríos de la confusión pretenden hacernos amarrar en el puerto de la indefinición.

¨…porque aún cuando uno
se reconozca comunista, socialista o peronista, solamente caben
dos posibilidades en la historia, o se está a favor de los monopolios o en su contra.
Patria Sí! Colonia No!.
Ernesto CHE Guevara
Mensaje a los Argentinos.
25 de mayo de 1962