"NO CONDENEN A OTRA GENERACIÓN A VIVIR EN LA IMPUNIDAD"

22/08/16

Testimonio de Mariana Cuesta, hija de Emilce Moler, sobreviviente de la Noche de los Lápices.

 ¡Prisión domiciliaria es impunidad!

Tenía 5 años, miraba la tele y mi mamá tejía al lado mío. Al protagonista de la serie lo encarcelaron injustamente y yo protesté. Mi mamá dejó de tejer de golpe. "A veces pasan cosas injustas, yo estuve presa", me dijo.

Con el tiempo supe de la militancia, de la detención de mi vieja, junto al resto de los chicos de la "Noche de los Lápices". Conocí historias de cárcel, de exilios, de desapariciones y ausencias.
Desde ese día sé lo que es la impunidad. Claro que no podía explicar el concepto, pero les juro que la impunidad se siente en el cuerpo. Una y mil veces pregunté dónde estaban los genocidas, y la respuesta siempre era la misma: libres.

La mayoría de las noches de mi niñez, me dormía pensando qué pasaba si volvían los milicos, dónde me escondería. Supongo que a los miedos de la noche y la soledad que tienen la mayoría de los chicos, yo le sumaba que a mi mamá la detuvieron cuando tenía 17 años y estaba en pijama a punto de dormirse en su casa. La impunidad se siente. La impunidad duele.

Una vez me animé y le pregunté a mi mamá sobre las torturas. Nunca lo había hecho y ese día quise saber cómo era la cárcel, cuánto había sufrido. "Todo lo que te imaginás y más", fue su respuesta. No me contó nada y sin embargo lo dijo todo.
Con la llegada Néstor y Cristina, con los juicios, con los derechos humanos como política Estado, sentí una bocanada de esperanza. Sentí que si bien las ausencias y el dolor son irreparables, la impunidad empezaba a finalizar.

Recuerdo cuando en 2006 mi vieja declaró en el juicio a Etchecolatz. Empezamos a recibir cartas con amenazas. Y volví a sentir la impunidad en carne viva cuando me enteré que desapareció Julio López. A mi mamá le pusieron custodia (a casi 10 años continúa aún con seguimiento satelital). Y pese a todo llegó la esperada e histórica condena de cárcel al genocida Etchecoltaz. 
Parece que con el cambio de gobierno vino también el cambio de política en DDHH. La "justicia" está a punto de darle domiciliaria a Etchecolatz y por esas paradojas del destino vendría a vivir a Mar del Plata.

Ahora tengo una hija, tiene 5 años. Espero no tener que contarle que el que torturó, secuestró e hizo desparecer a su abuela y a los pibes de la "Noche de los Lápices"; el que sabe dónde está Anahí y Julio López, está libre y vive en la misma ciudad que nosotras.

No condenen a otra generación a vivir en la impunidad. No hagan que otros pibes sueñen donde esconderse si vuelven los milicos.