Sergio Ferández Novoa expresó: “No está mal empezar recordando cuánto tiempo hace venimos luchando para que exista un sistema de medios de comunicación libre, al servicio de las necesidades de nuestro pueblo en la República Argentina. Los que no quieren cambiar la Ley de Radiofusión de la dictadura sostienen que para ellos la mejor ley es la que no existe. Nos dicen que este no es el momento, que este trabajo se resolvió entre gallos y medianoche, desconociendo que desde la restauración de la democracia en las organizaciones de trabajadores, y sociales de nuestro país venimos peleando por esto.
Yo hoy me acordaba de aquel Encuentro de la Producción, el Trabajo y la Cultura en Parque Sarmiento en noviembre del año 92. Fue la última vez que, al menos yo, pude ver personalmente a nuestro compañero Germán Abdala. Una de las comisiones más numerosas fue la de Comunicación y Cultura, donde ya poníamos en debate este tema. Entonces decíamos “se viene un proceso de transnacionalización e concentración de los medios de comunicación y destrucción de todas las posibilidades de producción en las distintas regiones de nuestro país y en la comunicación libre. Hugo Yasky manifestó: Es paradójico el hecho de que en el momento de mayor crisis en el capitalismo a escala internacional, y de la eclosión de las economías capitalistas y que muchos definen como el entierro definitivo del Consenso de Washington, hay fuerzas que se están reavivando formando bloques que pretenden llegar al poder.
Son justamente fuerzas de la derecha en términos políticos. Es decir, se da una contradicción flagrante entre la etapa que vivimos a nivel económico y lo que se está expresando en el terreno político. En esto creo que han jugado un papel enorme los grandes medios de comunicación en cada uno de nuestros países. Estos medios se movieron como si fueran los intelectuales orgánicos de la reacción y la derecha. Asumieron un papel beligerante desarrollado con la condición de pretender ser los dueños de la verdad neutra, absoluta.
Cuando uno lee Clarín, La Nación, escucha estos comentarios que se hacen desde las distintas pantallas, pareciera que hay una verdad que no se puede discutir, que no tiene clase ni condición social y está por encima de todas las contradicciones. Hay determinadas reglas de juego que son las que supuestamente marcan la construcción correcta de la política, y hay quienes transgreden esas normas y por lo tanto no siquiera merecen ser visibilizados. Creo que ese papel se reproduce en todos nuestros países: en México a través de Televisa, en Brasil con la Red O Globo, en Argentina Clarín, el Grupo Prisa, La Nación. En Bolivia hay otra gran red que ocupa exactamente ese papel, en Venezuela ni qué hablar. Y todo en nombre de la libertad de prensa. Acá, en esta revista que hicieron los compañeros de la Secretaría de Cultura, creo que el mérito que tiene es tratar de desmitificar toda esta sacralización de la libertad de prensa y la democracia que evidentemente convierte en una farsa la práctica cotidiana de estos medios de comunicación. Creo que los trabajadores y trabajadoras tenemos un papel importante para jugar en este momento.” Mario Wainfeld destacó: “Lo que se está discutiendo es básicamente el impacto del sistema capitalista en las comunicaciones. Se está discutiendo el conflicto estructural entre lo que es un sistema democrático y la lógica del mercado.
Este conflicto se vive en muchas áreas, entre ellas las comunicaciones. En definitiva, actualmente la información funciona como una mercancía, y quienes la proveen tienen la misma lógica que los proveedores de otras mercancías. Entonces el acceso a la comunicación pasa a homologarse con la posibilidad de acceder, por ejemplo, a un bien de un supermercado. Entonces, existe un mercado capitalista que propende a la concentración y a la fagocitación de los medios más chicos. Sobre todo cuando están en juego bienes importantes, y la información lo es sin ninguna duda. Esto se enfrenta a la lógica de la democracia que privilegia el pluralismo, la diversidad y la variedad, y que en general no trabaja premiando sólo a aquellos que tienen capital, sino a los que tienen voz, presencia, voto, humanidad. Esto se discute en un abanico mucho más amplio en el mundo: mercado o regulación. El mundo necesita mayores regulaciones para proteger a las sociedades de las barbaridades que produce el mercado cuando no se regula.
La comunicación debe ser regulada con una lógica pública y ajustada al derecho. Siempre viene a mi mente una frase de Scalabrini Ortiz que decía “Todo aquello que está legislado, está regulado implícitamente a favor del más fuerte”. Si no hay norma, manda la ley del poder, de la selva. Si no hay regulación de los medios, mandan los grandes grupos económicos, es una tendencia lógica e inercial y eso es lo que está en discusión.”